
Muchos proyectos empiezan definiendo qué producto van a desarrollar, cómo funcionará y de qué manera llegará al mercado. La sostenibilidad suele aparecer más adelante, cuando buena parte de esas decisiones ya se tomaron.
El problema es que las primeras etapas de un proyecto condicionan aspectos que después pueden ser costosos o difíciles de modificar.
Construir un modelo sostenible desde el inicio implica incorporar estos criterios en la etapa de ideación, antes de que las principales decisiones sobre el producto y su funcionamiento queden definidas.
Qué es un modelo sostenible
Un modelo sostenible es una forma de crear y mantener valor que puede funcionar a largo plazo sin depender de condiciones económicas, sociales, ambientales u operativas inviables.
A diferencia de los modelos tradicionales, su éxito no depende únicamente de conseguir clientes o generar ingresos. También requiere que el valor creado pueda sostenerse en el tiempo sin trasladar costos o impactos inviables a las personas involucradas o al entorno.
Este enfoque sostenible amplía la manera convencional de analizar un proyecto.
La investigación sobre modelos de negocio sostenibles destaca la necesidad de integrar distintas formas de creación de valor. Una revisión publicada en Journal of Cleaner Production plantea que las mejoras aisladas de eficiencia o responsabilidad corporativa no alcanzan por sí solas para producir las transformaciones necesarias.
Además, propone diferentes modelos orientados a generar valor en múltiples dimensiones:
- económica: debe existir una forma viable de financiar las actividades, cubrir costos, adaptarse a cambios y sostener el proyecto más allá de sus primeras etapas.
- social: conviene analizar cómo la actividad afecta a trabajadores, proveedores, usuarios, comunidades y otros grupos vinculados directa o indirectamente con el proyecto.
- ambiental: implica observar los materiales utilizados, el consumo energético, el transporte, los residuos, las emisiones, el uso del agua y otros efectos derivados de producir y utilizar una solución.

Estas dimensiones están relacionadas. Una organización que utiliza materiales ambientalmente adecuados, pero necesita una estructura de costos imposible de sostener tendrá dificultades para mantener su impacto.
Del mismo modo, una empresa económicamente rentable puede generar problemas si su funcionamiento depende de prácticas laborales precarias o de un consumo excesivo de recursos.
Por ejemplo, una empresa que ofrece envases reutilizables para comercios gastronómicos no debería evaluar únicamente cuánto plástico evita. También tendría que estudiar cuánto cuesta recoger y lavar esos envases, cuántas veces pueden reutilizarse, qué infraestructura logística requieren y si tanto los comercios como los consumidores están dispuestos a participar del sistema.
Por lo tanto, la sostenibilidad no describe una característica aislada del producto, sino cómo funciona el sistema que permite que ese producto o servicio exista.
Por qué incorporar la sostenibilidad desde la idea inicial
Muchas características de un proyecto quedan condicionadas mucho antes de que llegue al mercado. Durante las etapas iniciales se decide qué se va a producir, con qué materiales, mediante qué tecnología, utilizando qué infraestructura y bajo qué modelo de ingresos.
Modificar esas decisiones más adelante suele requerir nuevas inversiones, rediseños técnicos o modificaciones en la experiencia del usuario.
Ellen MacArthur Foundation destaca la importancia de las decisiones tomadas durante la etapa conceptual del diseño. Estas elecciones influyen en características posteriores de los productos, como su durabilidad, reutilización y posibilidades al final de su vida útil.
También pueden generar dependencias de infraestructura, maquinaria o tecnologías que condicionen cambios futuros. Incorporar estos criterios en la etapa conceptual permite evitar que ciertas decisiones limiten alternativas antes de evaluarlas.
Esto implica introducir nuevas preguntas mientras todavía existe capacidad de elección:
- ¿Qué problema estamos resolviendo?
- ¿Es una necesidad real?
- ¿Qué recursos requiere nuestra propuesta?
- ¿Quiénes pueden verse afectados?
- ¿Qué sucede cuando el producto deja de utilizarse?
- ¿Qué pasaría si el proyecto creciera 10 veces?

Estas preguntas pueden transformar una idea.
En el caso de una empresa que pretende vender agua en envases individuales fabricados con un nuevo material reciclable, analizar la sostenibilidad únicamente después de desarrollar el producto concentraría los esfuerzos en mejorar el envase.
Si, en cambio, incorpora estas preguntas desde el comienzo, podría identificar otras alternativas: sistemas de recarga, envases retornables o servicios que reduzcan directamente la necesidad de producir recipientes descartables.
La diferencia está en ampliar las alternativas antes de comprometerse con una única solución.
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Empezar por el problema, no por la solución
Una iniciativa nace con frecuencia a partir de una tecnología o un producto disponible. El equipo descubre una posibilidad técnica y después intenta identificar dónde podría aplicarla.
Este recorrido puede generar innovaciones útiles, pero también aumenta el riesgo de desarrollar soluciones para problemas poco relevantes. En los proyectos orientados a la sostenibilidad, esta dificultad adquiere especial importancia.
Una herramienta novedosa no produce necesariamente un beneficio ambiental significativo.
Un mismo problema puede tener respuestas muy diferentes. Su solución puede requerir un nuevo producto, pero también un servicio distinto, un cambio en los procesos existentes o una nueva forma de acceder a un recurso.
Antes de pensar qué desarrollar, conviene entender qué está ocurriendo y qué se necesita cambiar. Para ello, el proceso incluye:
- identificar el problema: definir una situación concreta que produce una consecuencia económica, ambiental o social relevante
- comprender a las personas involucradas: analizar quién experimenta el problema, quién toma decisiones y quién puede verse afectado por una intervención
- investigar las causas: distinguir los síntomas visibles de los factores que originan la situación
- definir qué debería cambiar: establecer el resultado deseado antes de elegir una herramienta determinada
- explorar diferentes respuestas: comparar productos, servicios, cambios de procesos, nuevos modelos de acceso u otras alternativas

Este enfoque evita que la solución condicione la definición del problema.
También amplía el margen para encontrar alternativas que requieran menos recursos o generen mejores resultados.
Diseñar la sostenibilidad dentro de la propuesta de valor
Una vez definido el problema que se quiere resolver, el siguiente paso es construir una propuesta de valor que considere no solo el beneficio que recibe el usuario, sino también los recursos y efectos asociados a la forma en que se genera ese beneficio.
La propuesta de valor responde a una pregunta central: ¿por qué alguien elegiría esta solución frente a las alternativas existentes?
En un modelo sostenible, la pregunta puede ampliarse: ¿qué valor genera la solución y qué necesita el sistema para mantenerlo en el tiempo?
Para integrar la sostenibilidad en la propuesta de valor, conviene analizar varias dimensiones antes de cerrar el modelo:
- duración del beneficio: analizar si el valor ofrecido se mantiene durante un periodo prolongado o depende de un consumo o sustitución frecuente
- intensidad de recursos: comparar distintas formas de entregar el mismo beneficio y detectar cuáles requieren menos materiales, energía, espacio o infraestructura
- necesidades futuras: considerar qué recursos, servicios o procesos serán necesarios para mantener la propuesta a medida que aumente el número de usuarios
- diseño para el uso real: incorporar las condiciones y hábitos de los usuarios para evitar soluciones sostenibles sobre el papel, pero difíciles de adoptar o mantener en la práctica
- alternativas de acceso: valorar si el beneficio puede ofrecerse mediante acceso compartido, alquiler, suscripción, actualización u otros formatos, en lugar de depender exclusivamente de la venta de un producto nuevo

El objetivo no es crear una propuesta de valor sostenible solo en condiciones ideales, sino diseñar un modelo capaz de mantener sus características a medida que cambia y crece.
Una solución puede funcionar con un pequeño número de usuarios y dejar de ser viable cuando aumenta la demanda. También puede requerir una infraestructura que no esté disponible en otros mercados o depender de recursos cuya disponibilidad sea limitada.
Por eso, la sostenibilidad debe evaluarse también desde una perspectiva de crecimiento.
Medir el impacto desde el principio
Un proyecto puede proponerse reducir residuos, mejorar la inclusión o utilizar menos recursos. Pero una declaración de intención no permite saber si efectivamente lo consigue.
La temprana medición del impacto permite identificar qué resultado pretende producir el proyecto.
Un estudio publicado en 2026 en Business Strategy and the Environment analiza cómo evoluciona la medición de impacto dentro de emprendimientos sostenibles. Los investigadores identificaron distintas trayectorias y observaron que, en los casos donde la medición adquiere un papel más proactivo, el impacto puede integrarse de manera más profunda en la propuesta de valor.
La medición no solo informa una vez terminado el proceso. También puede modificar decisiones y redefinir el propio modelo.
- indicadores de actividad: acciones que realiza el proyecto, como la cantidad de productos reparados o de usuarios atendidos
- indicadores de resultado: cambios que se producen como consecuencia de esas acciones, por ejemplo, cuántos productos permanecen más tiempo en uso
- indicadores de recursos: materiales, energía, agua, tiempo o dinero necesarios para producir esos resultados
- indicadores sociales: condiciones laborales, accesibilidad, alcance de determinados servicios o efectos sobre grupos específicos
- indicadores ambientales: según el proyecto, residuos evitados, emisiones, consumo energético, recuperación de materiales o extensión de la vida útil

Por ejemplo, una plataforma destinada a facilitar la reutilización de muebles podría considerar positivo alcanzar 50.000 usuarios registrados.
Sin embargo, esa cifra no demuestra por sí sola su impacto ambiental. Resultaría más relevante conocer cuántos productos cambiaron de usuario, cuántos evitaron ser descartados y durante cuánto tiempo continuaron utilizándose.
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La sostenibilidad se vuelve más difícil de incorporar cuando el proyecto ya depende de una determinada infraestructura, una cadena de proveedores, hábitos de consumo o fuentes de ingresos difíciles de modificar.
Un proyecto probablemente tendrá que cambiar varias veces mientras prueba su propuesta. En las primeras etapas, esa capacidad de adaptación es una ventaja.
Cuanto antes se identifiquen las consecuencias del modelo, mayor será el margen para experimentar con alternativas.
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