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Días de niebla: cómo decidir cuando la incertidumbre domina

Tomar decisiones en tiempos de incertidumbre requiere algo más que reunir información. Implica reconocer los límites de lo que podemos saber, evaluar qué consecuencias estamos dispuestos a asumir e identificar qué decisiones todavía pueden modificarse.

Asumir riesgos y tomar decisiones

Hay momentos en los que resulta más difícil ver el horizonte. Se conoce el destino, pero el camino no siempre es claro. En esas circunstancias, decidir puede resultar complicado.

Sin embargo, muchas decisiones importantes de la vida y de los proyectos no esperan a que aparezca la claridad. Emprender o cambiar de rumbo implica actuar con información incompleta.

El desafío consiste en aprender a avanzar aun cuando persista la incertidumbre.

Qué significa decidir en condiciones de incertidumbre

La incertidumbre forma parte de muchas decisiones, incluso de aquellas que a simple vista parecen sencillas.

Cambiar de trabajo o comenzar un proyecto implica avanzar sin saber exactamente qué sucederá después. Esa falta de certezas no supone falta de preparación o capacidad.

Hay situaciones en las que el futuro todavía no ofrece suficiente información, pero aun así es necesario avanzar.

Por ejemplo, una persona que tiene una idea de negocio puede investigar el mercado, conocer a sus posibles clientes y analizar proyectos similares. Sin embargo, no podrá saber con total certeza cómo responderá el mercado hasta poner la idea a prueba.

Cuando la incertidumbre empieza a dominar el proceso, puede modificar no solo lo que decidimos, sino también la forma en que pensamos la situación:

  • Postergar indefinidamente: esperar a que aparezca una certeza que probablemente nunca será completa puede hacer que una decisión sencilla se vuelva cada vez más difícil.
  • Magnificar los escenarios negativos: cuando falta información, es fácil llenar los espacios vacíos con los escenarios que más preocupan.
  • Perder de vista el objetivo: la atención puede concentrarse tanto en evitar equivocarse que se pierde de vista qué se quería conseguir.
  • Depender de la opinión ajena: cuando no existe una respuesta evidente, buscar constantemente validación externa puede dificultar la construcción de un criterio propio.

Toma de decisiones frente a la incertidumbre

Esta cuestión adquiere una dimensión particular cuando convergen varios objetivos. Una investigación sobre la toma de decisiones emprendedoras en contextos de incertidumbre destaca que quienes emprenden no siempre persiguen una única meta. Pueden tener que equilibrar objetivos como el crecimiento, la autonomía, la seguridad y el uso de recursos que no necesariamente apuntan en la misma dirección.

En esos casos, decidir también implica establecer prioridades y aceptar que avanzar hacia un objetivo puede suponer un costo para otro.

En muchos casos, la incertidumbre forma parte del camino de quien emprende. Lo importante es evitar que la falta de certezas termine ocupando todo el espacio de la decisión.

El error de esperar a tener toda la información

Cuando una decisión genera dudas, una reacción intuitiva es buscar más datos. Investigar y analizar alternativas puede reducir algunas incógnitas y ayudar a tomar distancia de una reacción impulsiva.

El problema aparece cuando buscar más información no ayuda a aclarar la decisión y solo la posterga.

Quedar paralizado ante una decisión suele ocurrir cuando existe una expectativa difícil de cumplir: sentirse completamente seguro antes de actuar.

En la práctica, esa seguridad rara vez llega. Siempre puede aparecer un dato nuevo, una opinión diferente o un escenario no contemplado. Si cada nueva duda abre otra ronda de investigación, el proceso puede volverse interminable o incluso estancarse por completo.

Esto adquiere especial relevancia cuando una oportunidad depende del momento en que se actúa. Un estudio publicado en Journal of Entrepreneurship, Management and Innovation plantea que una mayor aversión a la ambigüedad puede dificultar el aprovechamiento de una oportunidad cuando todavía no se cuenta con toda la información necesaria.

Esa espera puede perjudicar el desarrollo de un emprendimiento, ya que, en determinados contextos, las oportunidades no vuelven a estar disponibles.

Para equilibrar cautela y acción, conviene considerar ciertos criterios:

  • Buscar información relevante: no toda información adicional tiene el mismo valor para la decisión.
  • Definir un límite: establecer de antemano cuándo se dejará de investigar evita prolongar indefinidamente el análisis.
  • Preguntarse qué información cambiaría la decisión: si un nuevo dato no modificaría la elección entre las alternativas, quizá no sea necesario seguir buscándolo.
  • Considerar el costo de esperar: retrasar una acción también puede generar consecuencias, especialmente en entornos que cambian rápidamente.

Considerar el costo de esperar ante la toma de una desición

Decidir no significa dejar de informarse, sino reconocer cuándo la información aporta elementos relevantes y cuándo solo prolonga el momento de actuar.

Esa distinción marca la diferencia entre esperar certezas y avanzar con criterio.

Una brújula para los días de niebla

Cuando la incertidumbre dificulta ver con claridad, una forma de recuperar perspectiva consiste en separar lo que se sabe de lo que todavía no puede saberse.

Esta distinción parece sencilla, pero puede modificar la manera en que se interpreta una decisión. En situaciones inciertas, es frecuente tratar algunas suposiciones o temores sobre el futuro como si fueran hechos. Así, escenarios que solo son posibles pueden adquirir el mismo peso que la información ya comprobada.

No toda incertidumbre puede resolverse buscando más información.

Por ejemplo, una persona que evalúa poner en marcha un emprendimiento puede saber cuánto dinero necesita para hacer una primera prueba, qué problema busca resolver y qué recursos tiene disponibles.

En cambio, probablemente no pueda saber con certeza cómo reaccionará el mercado ante una propuesta que todavía no existe.

Ambos tipos de información forman parte de la decisión, pero no deberían ocupar el mismo lugar.

  • lo que sabemos: hechos y datos disponibles que pueden comprobarse, como los recursos existentes, los costos conocidos, los plazos o los resultados obtenidos hasta el momento
  • lo que podemos estimar: variables que no se conocen con exactitud, pero sobre las que existen antecedentes suficientes para construir una aproximación razonable
  • lo que todavía no sabemos: preguntas cuya respuesta podría obtenerse mediante investigación, una conversación, una prueba u otra acción concreta
  • lo que no podemos saber por adelantado: respuestas que solo aparecen después de actuar, como la reacción de un cliente ante un producto nuevo, el resultado de una negociación o la experiencia de asumir un nuevo desafío

Investigar y tomar decisiones

Esta clasificación permite formular una pregunta: ¿qué es necesario saber para dar el próximo paso de manera razonable?

La respuesta no exige eliminar todas las dudas. Puede consistir en identificar qué información es verdaderamente necesaria, qué supuestos conviene comprobar y qué aspectos solo podrán conocerse después de avanzar.

No es necesario abordar la incertidumbre como un único bloque difícil de resolver. Así, la duda se transforma en un conjunto de preguntas: algunas pueden responderse ahora; otras pueden investigarse; y algunas deberán permanecer abiertas durante un tiempo.

Decisiones reversibles e irreversibles

No todas las decisiones requieren el mismo nivel de análisis. Algunas pueden modificarse con relativa facilidad y otras implican compromisos costosos o imposibles de deshacer. Reconocer esta diferencia ayuda a distribuir mejor el tiempo y la atención.

En una decisión reversible, experimentar puede ser más útil que intentar predecir todos los resultados antes de actuar.

En cambio, cuando una elección tiene consecuencias duraderas, conviene dedicar más esfuerzo a identificar riesgos, alternativas y condiciones de salida.

  • reversible: alternativa que puede probarse durante un período determinado y evaluarse a partir de sus resultados
  • parcialmente reversible: decisión que puede cambiarse, aunque hacerlo implique costos de tiempo, dinero o recursos
  • difícil de revertir: decisión cuya modificación posterior exige asumir consecuencias importantes

Distintos tipos de decisiones y sus consecuencias

Además, antes de actuar conviene definir un criterio de revisión: qué resultados llevarían a mantener, modificar o abandonar el camino elegido.

Esta distinción permite evitar dos errores opuestos: analizar durante semanas una decisión pequeña o actuar impulsivamente ante una elección que tendrá consecuencias difíciles de corregir.

Cuando decidir también implica dejar de reconsiderar

Incluso cuando se analizaron las alternativas y se eligió un camino razonable, puede aparecer la tentación de volver una y otra vez sobre la misma elección.

Revisar una decisión puede ser útil cuando surge información nueva y relevante. Sin embargo, reconsiderarla constantemente ante las mismas dudas puede impedir que la elección tenga tiempo suficiente para producir resultados.

El artículo “Why successful people never second-guess themselves - and 5 strategies to help you get rid of indecision”, publicado en Entrepreneur en 2024, propone varios criterios para reducir la indecisión. Entre ellos: definir valores o principios antes de elegir, pasar del análisis a la acción, considerar el peor escenario razonable y consultar a personas con experiencia cuando su conocimiento pueda aportar una perspectiva diferente.

Estos criterios permiten distinguir entre revisar con fundamento y simplemente volver a abrir una decisión porque todavía existe incertidumbre.

Antes de reconsiderar el camino elegido, conviene preguntarse:

  • ¿Apareció información nueva?
  • ¿Cambió alguna consecuencia importante?
  • ¿La duda modifica realmente el análisis?
  • ¿Existe un momento definido para evaluar resultados?
  • ¿Qué ocurriría en un escenario desfavorable?

Cómo tomar una decisión aún con dudas

Cuando una decisión es reversible o parcialmente reversible, actuar puede ser una forma de aprender. Hacer una prueba, conversar con clientes, desarrollar una primera versión de un proyecto o postular una idea son distintas maneras de pasar de la reflexión a la acción sin asumir que el camino está definido de antemano.

Avanzar con criterio no significa aferrarse a una decisión pase lo que pase.

En días de niebla, la seguridad absoluta no es una guía. Resulta más útil distinguir cuándo investigar, cuándo decidir, cuándo actuar y cuándo existen motivos suficientes para cambiar de dirección.

Hay decisiones para las que nunca llegará una señal definitiva. A veces, decidir bien no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en reconocer el terreno y construir las condiciones para aprender en el camino.